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REVISTA CIUDADES   ISSN 0187-8611
Análisis de la coyuntura, teoría e historia urbana
CONVOCATORIAS CIUDADES
CIUDADES 123 (julio-septiembre 2019) Subir
Prácticas de autogestión y procesos de autonomía urbana

Las ciudades han sido regularmente centros de efervescencia política en donde han confluido y emergido sujetos sociales colectivos y singulares, que han desarrollado experiencias políticas innovadoras en varios sentidos. En ellas, durante 1968, la imaginación se dio gusto para hacer posible respuestas políticas, sociales y culturales. En la década de los años 1970, a consecuencia del ocaso del movimiento obrero y de la emergencia de nuevas subjetividades sociales, fueron escenario de nuevos movimientos sociales: el feminista, el de los derechos civiles y el de alternativas a los estilos de vida. En las ciudades se difundió la práctica de la ocupación de inmuebles -okupas-, los movimientos urbanos populares, vecinales, de alternancia política, anti-sistémicos, contraculturales; así como la manifestación de organizaciones clandestinas. La emergencia del EZLN, a fines del siglo XX, anunciaba novedades para el nuevo milenio. Luchas como la Batalla de Seattle (1999) y el Movimiento por la Justicia Global, además de dar vigor y visibilidad a las luchas campesinas y/o indígenas en distintos puntos del planeta, dieron lugar a muchas experiencias urbanas que no solamente protestaban contra las políticas de privatización neoliberales, sino que empezaron a reivindicar y construir otro mundo, otras formas de reproducir la vida en las ciudades.
Este proceso de resignificación y reapropiación del tejido urbano involucró distintos aspectos de la vida cotidiana. En 2001, por ejemplo, la crisis económica en Argentina dio lugar a experiencias sociales autogestionadas en distintas ciudades, que se manifestaron en las fábricas recuperadas por los obreros, la creación de proyectos autogestionarios de panaderías, comedores, artesanía, salud, educación, etc. Acciones similares se dieron en Grecia desde 2008 y en otras partes de Europa desde 2011, a causa de una enorme crisis socio-económica agudizada por las políticas neoliberales. Los multíplices conflictos socio-ambientales en las ciudades empezaron a redefinir la relación con la naturaleza en contexto urbano.
Ejemplos son los diversos colectivos de personas organizados para defender, no solamente sus bosques urbanos, parques, huertos, sino también, para realizar una serie de prácticas contra el cambio climático antropogénico. Demostrando que, también en las ciudades y las grandes áreas metropolitanas, es posible emprender una defensa del territorio, construir apego con sus lugares y una identidad colectiva otra. En las últimas décadas, estos proyectos políticos, caracterizados por la práctica de la autogestión, han ido construyendo la autonomía urbana, inspirándose en experiencias como los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas en México, las Primeras Naciones en América del Norte o la reciente Federación Democrática del Rojava en Siria del Norte, que tienen fuerte impacto en el imaginario subversivo y revolucionario a nivel internacional.
El espacio urbano es como el Jano bifronte de la mitología romana. Por un lado, gracias a la ordenación territorial y al urbanismo, se caracteriza por relaciones sociales de dominio, de acumulación de capitales, mercancías y mano de obra desposeída y desraizada. Las conurbaciones son el reino de la nocividad, diría Amorós. Por otro lado, da lugar a la experimentación social, generando territorios liberados, zonas de esperanzas, en donde la autonomía y la práctica de la autogestión logran crear grietas y anticipar en el presente aspectos de muchos mundos alternativos. A pesar de la constelación de experiencias sociales existentes, los estudiosos de la acción colectiva y los movimientos sociales, poco se han interesado en analizar estas prácticas políticas en los contextos urbanos y cuáles son los procesos y mecanismos que las caracterizan. Considerado lo anterior, el presente dossier quiere insertarse en este vacío de literatura y hacer un primer llamado de artículos que analicen experiencias colectivas que a través de prácticas autogestionarias y con horizontes autonomistas, promueven el consumo crítico, el activismo alimentario, la autodefensa y otras formas de curarse, la educación ambiental, las luchas contra la contaminación, la defensa de bosques y áreas verdes urbanas, el autoempleo, la creación artística, entre otros. Las propuestas, sin limitarse a estos puntos y siendo coherentes con el espíritu general de la propuesta, pueden enfocarse en las siguientes preguntas y temas:
  • Mostrar logros y desafíos que las experiencias analizadas enfrentan al organizarse de forma autogestionada.
  • Evidenciar resultados inesperados, las reflexiones que emergieron a partir de las experiencias, los procesos de cambio y empoderamiento que resultaron de este tipo de activismo urbano.
  • Analizar el carácter prefigurativo de estas acciones.
  • Estudiar las identidades colectivas emergentes desde este tipo particular de experiencias y cómo se caracterizan.
  • Abordar el papel de las emociones en los procesos analizados, el apego al lugar y al territorio urbano y la relación entre determinados valores y emociones.
Serán bienvenidos artículos sobre estudios de caso iberoamericanos, sin cerrar la posibilidad de incluir experiencias de otros países, con el objetivo de enriquecer la reflexión sobre el papel del activismo autogestionado y su relación con los procesos de autonomía urbana. Los artículos deben ser enviados anónimos para facilitar la revisión a ciegas y no exceder 35,000 caracteres en total (sin contar espacios entre palabras), incluyendo notas a pié de página, cuadros y gráficos en blanco y negro (en word o excel), mapas e imágenes en blanco y negro (en jpg y 300dpi). Los trabajos que excedan el número de caracteres indicado no podrán ser considerados. En otro documento se deberá poner una breve semblanza del autor (no más de 100 palabras).

Las propuestas deberán enviarse a los Coordinadores del Número, Jorge Regalado (DESMOS-Universidad de Guadalajara) y Tommaso Gravante (CEIICH-UNAM), a los dos siguientes correos: rsj39838@yahoo.com y t.gravante@gmail.com

Fecha limite: 30 de Abril de 2019

CIUDADES 124 (octubre-diciembre 2019) Subir
Reconstrucción y gestión integral del riesgo de desastres

Diversos países del mundo carecen de políticas y estrategias de recuperación postdesastre desde el enfoque de los derechos humanos y/o vinculadas al desarrollo y el bienestar de los damnificados en territorios rurales o urbanos. En general, se da mayor importancia a la reconstrucción luego de sismos y terremotos que en los ciclones y huracanes por la localización concentrada de daños de los primeros, —rescate de cuerpos humanos y daños materiales y sociales; influidos notablemente por la dimensión política en las decisiones, diseño de programas y acciones de respuesta institucional.
Un caso paradigmático de reconstrucción exitosa en América Latina se llevó a cabo en la Ciudad de México en 1985-1989, cuyos resultados —en términos cuantitativos— expresaron la trascendencia de procesos de recuperación participativa como eje de política pública. Sin embargo, ante los desastres desencadenados por los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017, la recuperación postdesastre en varias regiones del país, incluida la Ciudad de México, estuvo muy cerca del fracaso. En esto influyó un cruce de variables estratégicas: 1) la desarticulación del sistema nacional de protección civil, 2) la magnitud de daños y pérdidas superó la precaria actuación institucional y 3) el inicio del proceso electoral de mayor amplitud en la historia mexicana.
Este problema se inscribe en el enfoque de la mayor parte de las políticas gubernamentales frente a desastres: protección civil (México), defensa civil (Perú), prevención y atención de desastres (Colombia), que centran su atención en tácticas y operativos de auxilio y rescate desde una perspectiva asistencialista y militar, con escasa participación social y comunitaria.
Durante los primeros años del siglo XXI, la reducción de riesgo de desastres, promovida desde la ONU, propone intervenir en la vulnerabilidad más que en la amenaza. Se ha reconocido que, en la mayor parte de los países de América Latina, existe debilidad política, técnica, estratégica y operativa, para construir instituciones enfocadas al diseño, aplicación y evaluación de políticas y acciones preventivas y de reducción de riesgo de desastres, entendidos como procesos complejos. El descuido sistémico en materia de prevención y reducción da lugar a que las políticas que deberían ser complementarias —atención coyuntural de emergencias y recuperación postdesastre— estén desfasadas de una perspectiva integradora de intervención.
En el ámbito académico se plantea recientemente un cambio de estrategia: la gestión integral de riesgo de desastres, como enfoque articulador del conjunto de acciones. En el caso de México, aunque las leyes generales de Protección Civil y de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano incluyen una definición normativa de "gestión integral de riesgos" (entendiéndola como el conjunto de acciones orientadas al conocimiento de la construcción de riesgos, reconociendo su origen multifactorial, orientando las políticas públicas a incidir en las "causas estructurales de los desastres" y fortalecer las capacidades de la sociedad en un proceso de articulación de diversas medidas, destacando la prevención, mitigación, prevención, auxilio, recuperación y reconstrucción); los marcos jurídicos son claramente insuficientes. La visión dominante de los tres momentos de actuación frente a impactos de amenazas desatiende la vulnerabilidad; por lo que las acciones de preparación (antes), de auxilio y rescate (durante) y de recuperación y reconstrucción (después), no han superado inercias, en este caso, destaca la idea de reconstrucción como parte de la "vuelta a la normalidad".
La reconstrucción como política pública ha sido débil, fragmentada y no resuelve los problemas de fondo. Se ha utilizado como instrumento de lucimiento por parte de la clase política, incluyendo gobernantes. Con base en las anteriores consideraciones, los tópicos a desarrollar son los siguientes:
  • Conceptualización de la recuperación postdesastre y de la reconstrucción desde la política pública de reducción de riesgo de desastre (GIRD)
  • Limitaciones y posibilidades de una recuperación postdesastre de largo plazo en contextos de vulnerabilidad estructural no atendida.
  • Rubros y sectores incluidos en políticas y programas de reconstrucción (vivienda, agricultura, infraestructura urbana, equipamiento, carreteras, etc.).
  • Dimensiones territoriales de la reconstrucción; entidades federativas, municipios, regiones y comunidades.
  • Se ha dado prioridad a la reconstrucción por daños asociados con sismos, ¿qué ocurre en casos de inundaciones urbanas y rurales, deslizamientos de laderas, ciclones tropicales y otras amenazas?
  • Organización social y diseño participativo de programas y proyectos de reconstrucción.
  • Derechos humanos y recuperación postdesastre.
  • Organización e intervención del Estado: instituciones, profesionalización, programas, presupuestos, transparencia y rendición de cuentas.
  • La corrupción como causa de desastres.
  • Organización, movilización y demandas de las víctimas de desastres.
  • Política territorial y protección civil, boom inmobiliario y desregulación generalizada en la gestión del riesgo de desastre.
  • Metodología de evaluación de daños y diseño de políticas de recuperación postdesastre.
  • Prospectiva y escenarios futuros.


Las propuestas deberán enviarse al Coordinador del Número, Daniel Rodríguez Velázquez (drvunam@gmail.com, daniel060101@yahoo.com), Coordinación de Investigación, Escuela Nacional de Trabajo Social-Universidad Nacional Autónoma de México.

Fecha limite: 26 de Julio de 2019

NOTA:
Los artículos deben ser enviados directamente a quien coordina el Número en el cual se pretende publicar y no deben exceder de 35,000 caracteres en total (sin contar espacios entre palabras), incluyendo cuadros y gráficos en blanco y negro (en word o excel), mapas e imágenes en blanco y negro (en JPG y 300dpi). Los trabajos que no sean enviados directamente a l@s Coordinador@s de Número o que excedan el número de caracteres indicado, no podrán ser considerados.

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